Rage, un título de acción en primera persona intenso que hace uso intensivo de la nueva tecnología desarrollada por el legendario John Carmack, el iD Tech 5. Se trata de la quinta franquicia que sale de este estudio tejano, las tres anteriores fueron Wolfenstein, Quake y Doom. Tres clasicazos imprescindibles para comprender la magnitud del trabajo de estos ya más de 200 programadores.
Por eso precisamente es tan importante Rage. No por ser precioso y extremadamente detallado o por presentar una jugabilidad a medio camino entre el sandbox y sus anteriores juegos, sino por lo que podría suponer para el mundo de los videojuegos. De entrada, según el propio Carmack ‘es el videojuego más divertido en el que jamás he trabajado’. También según sus propias palabras, se trata de la apuesta más arriesgada del estudio, pues han sido 6 los años de trabajo investidos, siendo además el juego que han realizado que más se ha separado de sus patrones de trabajo en anteriores proyectos.
Y es que donde siempre había habido pasillos y escenarios cerrados, ahora nos encontramos con un inmenso espacio abierto repleto de personajes con los que interactuar y objetos que utilizar. Sin lugar a dudas un gran cambio respecto a lo que nos tenían acostumbrados. Sin embargo, se acabó el tiempo de las esperanzas y, con el juego prácticamente terminado, comienzan los hechos.
De entrada, hay que dejar bien claras las intenciones de Rage, ofrecer una experiencia única para un solo jugador. Sí, también tendrá posibilidades multijugador, pero son un añadido menor a una experiencia creada para ser disfrutada en solitario. De este modo, nos colocamos en la piel de uno de los supervivientes al gran cataclismo provocado por el choque de un meteorito con la Tierra.
Despertamos en una de las arcas de salvamento solo para descubrir que el apocalipsis no ha sido tal, sino que un nutrido grupo de humanos han conseguido sobrevivir. El problema en todo este embrollo radica en una ‘Autoridad’ que se ocupa de buscar a estos supervivientes. Como si no lo fuéramos a tener ya suficientemente complicado con las hordas de bandidos y mutantes que nos esperan más allá de los muros de nuestros distintos refugios…
Así comienza una aventura en la que nos sentiremos casi libres en este infierno apocalíptico. Podremos explorar libremente la mayor parte de sus localizaciones tanto a pie como en cualquiera de los tres vehículos de los que dispondremos (quad, buggy y Pick-up, todos ellos mejorables visualmente, en lo referente a armamento o en cuanto a rendimiento). Sin embargo, será en las ciudades donde más tiempo pasemos, ya sea comerciando con los vendedores locales, apostando en alguno de los minijuegos, embarcándonos en misiones secundarias (las habrá de todo tipo, desde escoltas hasta ejercer de mensajero o convertirnos en piloto de carreras).




