Análisis de Barrio Sésamo: Érase una vez un monstruo


El secreto del éxito de un videojuego infantil es que los niños (su público) sean capaces de manejarse con él sin ayudas de un adulto. Y esa prueba la ha superado, con creces, Barrio Sésamo: Érase una vez un monstruo.

Dos niñas, de 4 y 7 años, fueron capaces de jugar durante dos horas al título de manera independiente ante los asombrados ojos de los espectadores adultos, solo guiadas por las acertadas y divertidas instrucciones de Elmo y el Monstruo de las Galletas.

El juego hace que los niños naveguen por las páginas de un cuento muy especial, encarnando a un montón de monstruos del universo Sésamo, y todo de manera fluida y fácil con la ayuda de Kinect. Los minijuegos, bailes y puzles son sencillos y detectan siempre los movimientos de los pequeños, aunque no sean muy precisos. Y lo mejor es que pueden entrar y salir del juego a voluntad, en cualquier momento de la partida, sin que esta se interrumpa. Kinect se encarga de todo.

Personalmente creo que Barrio Sésamo: Érase una vez un monstruo es un excelente videojuego infantil que funciona a las mil maravillas y que atrapa a los pequeños con su genial historia y dinámica. La única pega que le puedo poner es el doblaje que han hecho, por lo demás, todo perfecto y altamente recomendable si tenéis churumbeles rondando por ahí.

Imagen: vandal

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