Análisis de Star Wars: The Old Republic II


Si bien los gráficos no son el hiperrealismo que algunos jugadores esperan en sus juegos para sacar partido a sus tarjetas de última generación, los de equipo más humilde agradecen que en Star Wars: The Old Republic se haya optado por la estética ‘cartoon’ que ya conocemos de la serie de animación de Las Guerras Clon. De esta forma, tenemos paisajes preciosos con multitud de trasfondos distintos -incluso entre ciudades se hacen patentes los diferentes estilos arquitectónicos- y criaturas de cientos de orígenes distintos. Todos ellos algo más minimalistas de lo esperado por los más sibaritas. Pero no temáis, fanáticos de la moda, nuestro personaje parecerá heroico casi desde el primer nivel.

El apartado de la jugabilidad no tiene nada que envidiar a otros títulos. Star Wars: The Old Republic es un juego muy divertido con suficiente contenido para estar pegados varios meses a la silla. No es de extrañar que la historia sea el pilar fundamental del juego… ¡Es que son ocho juegos -uno por cada clase- en uno!

El sistema de combate es el tradicional de marcar un objetivo y utilizar las habilidades sobre él. La curva de dificultad desde luego no se queda atrás, comienza siendo bastante sencillo pero llega a complicarse hasta el punto de necesitar ayuda para realizar las misiones de un solo jugador de nivel más alto. Si a todo esto le sumamos que en los 17 planetas diferentes, con una superficie endiabladamente enorme la mayoría de ellos -sin contar bases espaciales o flotas de naves- todas las misiones son habladas, podemos empezar a darnos cuenta de la magnitud de este juego.

Imagen: swtor

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