Después de tantos meses, de tantos tráilers, de tantos artículos y avances, ya tenemos aquí el esperado regreso de Max Payne, la producción de Rockstar que nos prometía recuperar a uno de los personajes de videojuego más carismáticos de la última década. Max Payne 3 recupera al torturado y alcohólico policía que, una vez más, se ve metido en una espiral de sangre, corrupción y violencia donde las balas surcan el cielo a docenas pero, eso sí, lo hacen despacito, a cámara lenta, en tiempo bala.
En el avance que hemos escrito sobre el juego ya os hemos contado, a grandes rasgos, la historia de esta tercera entrega, donde Max se pasa al sector privado y vive de guardaespaldas de una familia rica e influyente de Sao Paulo, Brasil. Enseguida las cosas se complican, como no podía ser de otra manera tratándose de Payne, y el ex poli se ve envuelto en un problema muy gordo que mezcla a bandas callejeras, policías corruptos, cárteles de drogas, grupos paramilitares y hasta a medio gobierno y a las mismas fuerzas armadas del país carioca.
Catorce capítulos de una impresionante historia que, otra vez, tiene un protagonismo clave en el título, que da giros interesantísimos y que nos lleva adelante y atrás en la historia de Max (algunos capítulos los protagoniza un Max Payne que nos resulta más familiar, en las calles de Nueva York, justo antes de embarcarse en la aventura sudamericana).
La historia va de menos a más, con algunos episodios épicos donde disfrutaremos de unas escenas de acción impagables propias de Hollywood (el capítulo de las fabelas, el de los muelles, el del estadio de fútbol o el del hotel abandonado se han quedado para siempre en nuestras retinas ‘videojueguiles’).
Imagen: rockstargames




