Bienvenidos a Dunwall, ciudad ballenera infestada por la peste y la corrupción. Este será tu escenario y, sobre todo, tu más fiel aliado. En el gameplay mostrado por Arkane Studios, quedó clara la importancia de la ciudad en el juego. Obra de Sebastien Mitton, director artístico, y Viktor Antonov, director de diseño visual, la historia de Dishonored cobra importancia al rodearse de sus paredes.
La ciudad al más puro estilo steampunk, que recuerda mucho a Bioshock y Metropolis, será testigo de nuestros asesinatos. Una mezcla perfecta de tecnología futurista integrada en las sórdidas calles de un extraño siglo parecido al XVII. Tendremos que estar atentos porque sus muros, sus ventanas, sus alcantarillas y hasta sus ratas son diferentes caminos para lograr nuestra misión: asesinar a los corruptos.
A diferencia de lo que pueda parecer, Dishonored no es un sandbox, y menos mal. Cuando decimos que un amplio abanico de posibilidades se abre ante nosotros, es que es cierto. Los poderes sobrenaturales de “El Forastero” nos regaló, combinados con la cantidad de armas que podremos encontrar, van a hacer de nosotros unos auténticos artistas en cuanto a matar se refiere.
La magia (ráfaga), la posesión de cuerpos (posesión), visión infrarroja (visión de las tinieblas), parar el tiempo (ralentí), las armas, a cada cual más mortífera, brindarán a nuestra imaginación una suculenta gama de posibilidades. Y para los fans del realismo, por fin podremos tirar una granada y ver cómo amputamos piernas. Las muertes se ajustarán a nuestra forma de perpetrarlas. La máscara, nuestra terrorífica seña de identidad, nos dotará de una visión que no dejará que nada se nos escape.
Imagen: dishonored
Sedúcete por el arte de asesinar con Dishonored II




