Análisis de Lollipop Chainsaw I


Los beat’em up clásicos no estaban pasando precisamente por su mejor momento. Podemos contar casi con los dedos de una mano los títulos comerciales de esta generación que han querido ofrecernos una experiencia ‘yo contra el barrio’ clásica, sin mezclar elementos roleros o de aventura.

Por su parte, Suda 51 y su estudio, Grasshopper Manufacture, siguen al pie del cañón demostrando que la calidad es independiente de la innovación; que las viejas fórmulas no tienen porque resultar vetustas. Sus anteriores producciones también lo atestiguan (Shadow of the Damned y Sine Mora, sin ir más lejos). Lollipop Chainsaw es el colofón de esta tónica.

Pero no anticipemos hechos, ya que para poder juzgar este título primero hay que conocerlo. Se trata de una simple historia de zombis enmarcada en un instituto norteamericano clásico, de esos con sus frikis, sus deportistas, sus espectaculares animadoras… Y es precisamente una de estas cheerleaders la peculiar cazazombis de la aventura. Armada con su motosierra tendrá que acabar con la amenaza del más allá. Y fin.

Con esos datos podría valer para describir el argumento de Lollipop Chainsaw, pero hay mil matices más que nos hacen amarlo. Puede ser su excepcional galería de secundarios, los chascarrillos que sueltan a cada paso o el tremendo sentido del humor que desborda cada uno de los niveles. En ese sentido cumple con creces, picando al jugador a descubrir la nueva vuelta de tuerca a la mecánica de juego de machacar botones y hacer combos.

Veremos todo tipo de situaciones y enfrentamientos, incluidos diversos guiños a juegos clásicos, QTE y poderes especiales a cada cual más estrambótico. Todo ello sin complicar en exceso la jugabilidad y dejando que seamos nosotros con nuestra creatividad los que consigamos solventar los combates.

Imagen: lollipopchainsaw

Análisis de Lollipop Chainsaw II

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